Hubo un escrito que leí, que decía que tu no eres el hombre
que yo quiero y no porque no me gustes, sino porque nunca me dirás las palabras
que quiero escuchar, porque nunca me vas a detener aún así te dije que me iba. Y no porque te dije adiós, sino porque estoy liberándome de ti, de esta pena que llevaba dentro sin poderte decir lo que callaba y que de cierta manera aún lo sigo haciendo y con cada letra te sigo gritando.
Yo creo que la esperanza si llega a morir, aunque otros
dicen que es lo último que muere. Me siento cansada de esperar. Quizá la vida
me devolvió juntos los golpes que ah otros les he causado. Estoy bastante fastidiada de buscar algo que
no encuentro que cada vez en vez de solo estar a flote y salir de esta marea,
me hunde un poco más y me arrastra a la profundidad.
Te grite ayer con cada palabra mis sentimientos, te grite y
tu no escuchaste o quizá sí y te hiciste el loco. No hubo ninguna respuesta de
tu parte. No sé si por no lastimarme o porque no tienes agallas ni para eso. Pero
yo las tuve por los dos. Lo hable, lo puse sobre la mesa y me he quedado vacía,
triste y rota. Pero menos pesada por dentro.
Quizá estoy algo loca,
más que otras. Pero me di cuenta que no soy tu felicidad y yo prefiero
por sobre la mía la tuya. No porque no estuviera segura de que me podrías hacer
feliz, sino porque sabía que tu no lo
serías conmigo.
Dijiste que me ibas a extrañar y ambos sabemos que no es
cierto. Ni tu te crees tus palabras, ni yo me las trago. Tus mensajes, tu
mirada hace tiempo no decía lo mismo. Y yo cansada de tu silencio decidí hablar
por los dos. No quiero una relación a medias. Quiero algo completo.
Te dije que prefiero tu felicidad por sobre la mía, pero
cariño, dat cuenta que al ser tu feliz, lo seré yo también. Y eso es razón por
la cual me amo más, por tener la fuerza de liberarme y liberarte de esto. Porque
como bien lo dije, nadie estamos para estorbar el camino de nadie ni detenernos
en nuestro vuelo.
Te quiero por mucho, pero me amo más. Y aunque este hoy,
triste, rota y menos pesada. Siempre estaré para ti, por el resto de mis
días. No es la primera vez que me
sucede, pero espero sea la última. Lo que
me alegra de todo esto es que me doy cuenta que no estoy descompuesta y puedo
volver amar cada vez como si fuera la primera vez. Y que puedo enamorarme como
una chiquilla.
Me alegro te cruzaras en mi camino porque también de ti aprendí.
Te agradezco, te bendigo y nos libero.
Yo solo sé que hoy viajo y que llevo roto el corazón, pero el alma me pesa menos , aunque digan que el alma pesa 21 gramos.
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